Aprendiendo del Quijote

Decía D. Miguel de Unamuno que el Quijote debería ser una especie de “Biblia nacional”, y, en cierta medida, eso pretendemos. Intentar anexionar, de una manera intencionada y caótica, la prevención de riesgos laborales con frases célebres de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, de D. Miguel de Cervantes, es un cometido complejo, puesto que “las obras que se hacen aprisa nunca se acaban con la perfección que requieren”.

Mire vuesa merced, que eso de la prevención de riesgos laborales no es tarea fácil, pues donde no se piensa, salta la liebre y un mal llama a otro, porque el diablo que no duerme siempre está al acecho.

Amigo Sancho, cierto es que detrás de la cruz está el diablo y que el crédito debe darse a la obra, no a las palabras, se hace menester cumplir las mandas de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales 31/1995 de 8 de noviembre.

Cierto es, mi señor, pero del dicho al hecho hay gran trecho y el camino es difícil de aventurar.

Ingenuo Sancho, no hay más alta virtud que la prudencia. Una de las partes de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien, no se haga por mal, y en los casos arduos y espinosos como este que nos atañe, en un mismo punto han de andar el consejo y la obra.

Mire, respondió Sancho, que ese precepto de obligado cumplimiento es, con sentencias cortas que derivan de una gran experiencia.

Mi fiel escudero, la pluma es lengua del alma, cuales fueren los conceptos que en ella se engendraron, tales serán sus escritos.

Pero ¿qué proceder se ha de tener?, preguntó el criado, si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro.

Sábete Sancho que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino ancho y espacioso, replicó el hidalgo, puesto que cada uno es artífice de su propia ventura, pero muchos pocos hacen un mucho y que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho, aviva el ingenio de los hombres. Mi fiel amigo, cuando te dieren un gobierno, cógele.

Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es ni utopía ni locura, es justicia.

Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal.