Ayuno o desayuno

Actualmente algunas voces defienden los beneficios de la supresión del desayuno en contraposición a las recomendaciones históricas que definen el desayuno como esencial. Para empezar ¿Que entendemos por desayuno? Consiste en el proceso de romper el ayuno al despertarse, ya sea inmediatamente o hasta 5-6 horas después.

Alrededor de la importancia del desayuno existe más creencia social que base científica. Esta creencia nace de la necesidad teórica de aportar energía para empezar la jornada, pero hay poco estudio confirmado al respecto.

¿Dónde estriban entonces los beneficios de suprimir el desayuno? Habría que hacerse la siguiente pregunta ¿y si el cuerpo tuviese a su disposición mecanismos y energía de sobra para poder satisfacer esas necesidades?

Veamos qué ocurre en nuestro organismo cada mañana. Tenemos mecanismos hormonales que nos despiertan de forma natural. Se activa el sistema nervioso simpático, se agudizan la mente y los sentidos.

Si decidimos no desayunar el cuerpo necesita buscar energía para cubrir sus necesidades. En este contexto, segregamos Cortisol por la hora del día y la Insulina está baja al no haber ingerido carbohidratos. Es una situación óptima para emplear las grasas de nuestro cuerpo. El organismo extrae glucosa de las células para mantener la glucemia. Si permanece la ausencia de energía, segregamos otra hormona que proporciona control sobre el apetito. Podría ser una buena estrategia para modular la ingesta.

Todo esto se traduce en:

Mejora de la sensibilidad a la insulina

Mejora composición corporal

Optimización de los recursos energéticos

Ayuda a controlar el apetito

En caso de desayunar con el modelo histórico rico en pan, galletas, cereales y/o zumos, provocamos una subida de glucosa en sangre por su alto contenido en carbohidratos. Esta subida bloquea el proceso natural de quema de grasas. Además, en ocasiones se dan bajadas de glucosa que pueden acarrear una pérdida de energía, letargo e incluso mayor apetito. Incluso puede haber cierta dependencia de hidratos de carbono simples para modular esas fluctuaciones de energía, con el correspondiente impacto sobre la composición corporal y la salud.

Sería interesante analizar si la interpretación generalizada del desayuno es la más acertada. Quizá haya que replantearse la decisión de desayunar, el momento de hacerlo y la composición del desayuno.  En caso de no desayunar es importante saber que el cuerpo tiene mecanismos para mantenerse en perfecto estado y arrancar el día de forma eficiente.

Si decidimos desayunar, no ha de ser nada más despertar. El horario vendrá determinado por los ritmos de cada uno, pudiendo hacerlo 2 o 3 horas después de habernos despertado.  Es importante escuchar las respuestas fisiológicas del cuerpo como hambre o sed que irán dándonos pistas.

Y por último es sumamente importante atender a la composición. Es fundamental consumir alimentos que no eleven mucho la glucemia. Alimentos ricos en fibra como frutos secos, frutas y productos integrales, grasas saludables como aceite, aguacate o salmón y proteínas como huevos, jamón o queso fresco son grandes opciones para el desayuno.

Desayunar debe ser una decisión individual

Se flexible en la hora de romper el ayuno

Haz desayuno rico en fibra, grasas y proteínas

En conclusión, el desayuno debe ser una comida más del día que atienda a las necesidades especificas de cada uno y que en ningún caso debería ser impuesta como una comida forzada y mucho menos con una composición cerrada.