EL FUTURO DE LOS TÉCNICOS DE PREVENCIÓN: DE TÉCNICO A CONSULTOR EFICAZ

Desde que los prevencionistas hemos recibido nuestra formación de técnicos, se nos ha repetido una y otra vez que nuestra función es asesorar, puesto que la responsabilidad de aplicar la prevención estaba y sigue estando en la línea de mando.

Sin embargo, la realidad durante muchísimos años ha sido otra muy distinta ya que, como sabemos, los técnicos se han echado sobre su espalda la responsabilidad de la prevención. La Dirección y línea de mando normalmente han entendido -o han querido entender- que la seguridad y salud era de los técnicos y médicos. Es decir, que esa función asesora ha sido una quimera. Algo aún del futuro.

Sin embargo, ese futuro se va acercando y se empiezan a dar las condiciones para que los técnicos asuman otro rol. Un rol con algunas de las características, competencias y habilidades que corresponden a la asesoría, y con otras nuevas, que quizá no nos habíamos planteado.

Diversos modelos de la evolución de la seguridad y salud laboral, como el reflejado por la conocida curva de Bradley, nos indican que la construcción de una mayor cultura preventiva, requiere cambios importantes en los roles de todos los implicados: dirección y línea de mando, trabajadores, delegados de prevención y, por supuesto, técnico y servicios de prevención.

Cuando la Dirección y la línea de mando lideran la prevención, el sistema de prevención está a su cargo. Por tanto, esa labor, que ocupaba enormemente a los técnicos, ya no está en sus manos.

La propia evolución de la integración de las actividades preventivas en la Dirección y línea de mando, y en los propios procesos, hace que muchas decisiones, actividades y seguimientos sean responsabilidad y se realicen por los mandos y también los trabajadores, de forma más autónoma y directa. Esto hace que los técnicos de prevención liberen carga administrativa y mucho tiempo dedicado al control y la vigilancia.

El efecto es que los técnicos de prevención comienzan a dejar de ser el centro sobre el que pivota la prevención de riesgos laborales. Esto lleva a que los técnicos han de asumir que deben dejar de ser el “centro del puzle” para pasar a ser una “esquina del puzle”.

A veces esto no es muy bien entendido ni acogido, ya que supone perder el protagonismo, e incluso puede parecer que cambiar este status supone perder el control sobre la actividad preventiva que lleva a cabo la organización. Se requiere de una visión muy clara, y una buena dosis de generosidad para soltar este protagonismo. Por otro lado, lo que ocurre es que cuando una organización comienza a adquirir una madurez en prevención de riesgos laborales, y asume las funciones que siempre hemos dicho que le corresponden, el técnico puede inconscientemente sufrir miedo a perder su razón de ser, su propia identidad como técnico, su labor profesional. Esto es duro, y lo he visto.

Por tanto, siendo evidente que la labor de los técnicos ha de cambiar, que se ha de reorientar, ¿hacia dónde?

Observamos que conforme la Dirección y línea de mando asume la prevención, el sistema se va integrando, la seguridad y salud pasa a ser algo realmente importante y se hace patente la necesidad de poner el foco en las personas. Es habitual que las organizaciones lleguen a este estadio en el que las condiciones de trabajo y los sistemas de prevención están bastante desarrollados, y sin embargo se observa que la motivación por la seguridad no es aún interna sino externa. No obedece al compromiso genuino sino al mero cumplimiento.

Esta nueva fase en la que estamos entrando de la evolución de la seguridad y salud requiere poner el foco en las personas, y no tanto en la labor puramente técnica. Mi opinión y experiencia es que los técnicos en general no están suficientemente preparados para abordar eficazmente el enfoque a personas. Tampoco lo suelen estar los líderes, y esto es un gran hándicap. Los técnicos pueden tener un papel muy importante trasladando esas habilidades y capacidades para gestionar las personas entorno a la seguridad y salud laboral a la línea de mando, pero para ello las tienen que tener ellos primero.

Hay una interesante cuestión, en mi opinión a tener muy en cuenta en este cambio de roles del técnico, que es el “uso de autoridad”. A los técnicos se les ha asignado el papel de vigilantes del cumplimiento de las normas y de la realización de comportamientos seguros, revistiéndoles de supuesta “autoridad”, para poder ejercer imposición. Esto ha sido nefasto y aleja al técnico enormemente de su verdadero rol. La auténtica autoridad del técnico es precisamente la “técnica”. La de un experto con conocimientos especializados y que por esta razón es percibido como una autoridad técnica. Si el técnico trata de ejercer su autoridad técnica mediante la imposición que se le pide, el resultado es que la otra parte, sobre la que se ejerce la imposición, se resiste, porque hay una resistencia natural a la imposición, y esto hace que el técnico pierda su autoridad técnica y no sea tenido en cuenta. Además de que los trabajadores saben perfectamente dónde está la autoridad: por mucho que se la pretendan dar al técnico, ellos saben que está en sus mandos.

En un nuevo contexto, en el que hay una cierta madurez en materia de prevención de riesgos laborales en las organizaciones, es cuando el técnico ha de recuperar su autoridad técnica y dejar de un lado la impositiva. Utilizar otras habilidades y competencias para generar influencia, sin recurrir a la imposición. Aquí una vez más observamos cómo se pone de manifiesto la carencia que los técnicos tienen de ser auténticos agentes influyentes con su autoridad técnica, ejerciendo la influencia con las habilidades adecuadas.

Por tanto, vemos que en el nuevo papel de los técnicos no es suficiente con el conocimiento técnico, ya que cada vez más su trabajo se va a centrar en su eficacia en la interacción humana.

Por otro lado, la prevención de riesgos va evolucionando desde la seguridad, hacia la salud y el bienestar. Esto requiere que el técnico tenga una visión integral y unas actitudes y habilidades. Una visión integral y estratégica para establecer nuevas líneas de actuación y nuevos indicadores. Una mayor dosis de innovación para crear e implantar nuevas sistemáticas. Capacidad para diagnosticar la percepción de los trabajadores, para enfocarse en las personas, saber influir positivamente para conseguir cambios en comportamientos, y enseñar y ayudar a conseguir cambios en comportamientos y a desarrollar actitudes alineadas con la seguridad, la salud y el bienestar como valores. Conocer el funcionamiento de las personas, trabajar con las creencias y valores. Generar confianza a través de las relaciones. Ser comunicadores eficaces e influyentes.

Para poder realizar con éxito todas estas funciones parece evidente que un técnico de prevención ha de prepararse. Ha de conocer y desarrollar las habilidades que le conviertan en alguien influyente, un agente de cambio, con autoridad técnica. Es lo que yo llamaría un consultor eficaz. Alguien con un balance entre los conocimientos técnicos y la gestión de personas. Con capacidad para influir, comunicar y gestionar eficazmente las relaciones. Que sabe escuchar y confrontar, y ayuda al cambio, generando conciencia en los mandos y los trabajadores. Nada más y nada menos.

Por Martín Silva

Consultor en Cultura Preventiva. Osarten Coop. E.